2-
LA NOVELA
2.1-
La novela de posguerra
En los años cuarenta la novela española (la
literatura en general) tuvo que sufrir las consecuencias de la guerra civil:
1- En los
primeros años de posguerra la vida en España estuvo marcada por una situación
caracterizada por la escasez de bienes, donde, sobre todo en los perdedores,
era evidente la frustración, el pesimismo y la lucha por la supervivencia
2- La mayor parte de la
intelectualidad y del inundo de la cultura se había adscrito a la causa
republicana y fueron muy escasos los hombres de letras de alguna valía que se
sumaron a la rebelión militar. Por tanto, al finalizar la guerra civil, buena
parte de nuestros intelectuales que habían estado al lado de la República marchan al exilio (poetas como JR
Jiménez, Cernuda, Guillén o Alberti, novelistas como Pérez de Ayala o Ramón.J
Sénder).
Por otro lado,
narradores importantes que habían quedado en España como Baroja o Azorín no
volvieron a escribir obras importantes.
Y, por si
fuera poco, el régimen franquista propició una cultura que enalteciera los
valores del nuevo régimen político.
3- Rigor de
la censura: prohibía la más mínima desviación o crítica de la doctrina oficial.
A diferencia de la poesía, los censores consideraban a la novela más peligrosa,
pues, al poder acceder a un mayor número de lectores, pensaban que el riesgo de
propagación de las ideas subversivas era mayor. Esto va a suponer la
prohibición de las mejores novelas extranjeras: fueron prohibidas las obras de
muchos intelectuales extranjeros que simpatizaban con la República (Hemingway) o cuyas ideas
discrepaban de los principios políticos y religiosos del Régimen. Debido a
ello, las obras de los grandes renovadores de la novela contemporánea (Proust,
Joyce, Kafka, etc) no pudieron circular en el país, cerrado a cualquier novedad
sospechosa. España permaneció aislada del mundo político y cultural de
Occidente
4- Rechazo no
sólo de toda la literatura republicana progresista y de compromiso social,
sino también de todas aquellas obras que encarnasen tendencias liberales, por
lo que escritores que ya entonces pertenecían a la historia de nuestra
literatura como Clarín o Galdós ven obstaculizada la difusión de sus obras.
5-
Proliferación de una literatura nacionalista, glorificadora del Régimen favorecida
desde el poder. Se exalta propagandísticamente la política del Régimen, se veja
al enemigo derrotado, se destacan los hechos heroicos de los hombres que los
protagonizaron en el bando nacional, etc
- Durante los
primeros años de posguerra, va a predominar un tipo de novela propagandística
de las ideas del Régimen. En este sentido, son muy numerosas las novelas
centradas en la guerra civil que exaltan a los vencedores y desprecian a los
perdedores. En todas ellas predomina un gran apasionamiento político y un
escaso valor literario. También se escribirán numerosas novelas que harán
propaganda del ideario falangista.
- En este panorama cultural no
cuesta gran esfuerzo imaginar la dificultad que los jóvenes autores tuvieron
para llevar a cabo su labor. Desconectados de la obra de los escritores del
exilio y de los escritores europeos y americanos, su tarea se realizó con
graves limitaciones.
En el año 1942 se publica la
primera y más importante novela de esta década: La familia
de Pascual Duarte de Camilo Cela. Su aparición supuso una
convulsión en el panorama de la narrativa española
por lo que supuso de ruptura con la literatura oficial y de testimonio
de una existencia desoladora y conflictiva.
A ella le siguieron otras dos
novelas importantes: Nada (1945) de Carmen Laforet y la primera novela de Miguel Delibes: La sombra del ciprés es alargada
(1948)
Todas
estas novelas suponen una visión amarga de la vida cotidiana de aquel momento. Su enfoque se hace
desde lo existencial, de ahí que abunden
personajes desarraigados y angustiados y que los temas dominantes sean la
soledad, la frustración y la muerte.
Todo ello revela un malestar que en
el fondo es social, pero aún no podemos hablar de novela social, ya que la
censura limitaba el alcance de
las denuncias.
- La familia de
Pascual Duarte (1942), es la confesión de un condenado a
muerte que trata de explicar sus crímenes como consecuencia de las
circunstancias de su existencia. Criado en un ambiente de primitivismo y
brutalidad, Pascual adquiere una personalidad compleja: es cruel e irracional,
pero también tierno y delicado. Su carácter violento y su conducta dominada por
el instinto, consecuencia del ambiente rural subdesarrollado de su formación,
le lleva a cometer toda una serie de crímenes. En todos los casos Pascual
rechaza su culpabilidad, descargándola en su formación entre la miseria y la
violencia.
Por tanto, la novela muestra una concepción del hombre como
criatura arrastrada por la doble presión de la herencia y el medio social.
— La novela dio origen a lo que se
consideró el tremendismo: utilización de un lenguaje violento, lleno de
palabras poco literarias, para mostrar un mundo igualmente violento y amargo.
- Nada (1944) dio a
conocer a la joven escritora Carmen Laforet (1921). Narra en primera persona la
vida de Andrea con unos familiares en Barcelona, donde va a realizar estudios
universitarios. Por medio de personajes frustrados, de catástrofes personales y
de un ambiente opresivo y sórdido se presenta una visión pesimista de la
realidad.
2.2- La novela social
2.2.1- Contexto histórico:
Para la gran mayoría de la crítica es La colmena de Cela (1951) la
precursora de la novela social con su despiadada visión de la sociedad
madrileña de posguerra. Como luego harán las novelas sociales, La colmena
es producto de la observación de la vida madrileña y presenta al hombre
corriente en su ambiente cotidiano. Otra obra representativa de 1951 es La
noria de Luis Romero, ahora con Barcelona como marco. También deben
añadirse como iniciadoras dos novelas de Miguel Delibes: El camino (1950) y Ni
idolatrado hijo Sisí (1953), que reflejan ambientes bien concretos: un
pueblo castellano y una familia burguesa.
- Para entender el cambio que se
empieza a producir en la literatura española, hay que tener en cuenta una serie
de circunstancias que lógicamente se reflejan en todas las manifestaciones
artísticas.
A partir de 1951 hay una mínima
apertura del Régimen en busca de cierto reconocimiento internacional (en 1955
entra en la ONU ), lo cual
repercute positivamente en el desarrollo de la literatura española. Hay una
mayor flexibilidad en la censura, lo cual permitió la difusión de las novelas de los grandes escritores occidentales:
el neorrealismo italiano (Moravia, Pavese), los escritores americanos de la
“generación perdida” (Hemingway, Dos Passos, Faulkner) y la literatura francesa de posguerra como
el existencialismo o las primeras manifestaciones del “nouveau roman”.
Esta nueva flexibilidad hizo que hubiera una mayor tolerancia siempre que no se tocasen temas políticos o
relativos a la moralidad sexual.
Diversos fenómenos socio—económicos repercutieron también: el
inicio del desarrollo industrial ocasionó grandes transformaciones sociales
(movimientos migratorios que despueblan los campos y producen suburbios proletarios en las grandes ciudades,
emigración a Europa de muchos trabajadores)
Las barreras censoras siguen siendo muy fuertes, pero ya no
irreductibles, pues cada vez será más difícil el contacto con el resto del
mundo. Muchos jóvenes aprovechan para viajar al extranjero y de manera
clandestina irán llegando muchos libros prohibidos de la cultura occidental.
- Así llegamos a 1954, año que
podemos considerar inaugural dentro de la novela social en el sentido más estricto. En este año y en los
que inmediatamente le siguen se dan a conocer Aldecoa, Fernández Santos,
Sánchez Ferlosio, Juan Goytisolo, García Hortelano, Alfonso Grosso, Caballero
Bonald, Carmen Martín Gaite, etc. El conjunto de estos autores, nacidos entre
1925 y 1931, ha recibido
la denominación de generación de Medio
Siglo.
2.2.2- La colmena: novela precursora de la novela social:
La Colmena , con más
de 300 personajes, en forma de personaje colectivo, representa la amarga
existencia del Madrid de la posguerra a lo largo de tres días del año 1942. Es
una novela que, sin apenas argumento, presenta la degradación de la España de la inmediata posguerra: dinero,
hambre y sexo se convierten en las únicas preocupaciones de unos personajes que
ocupan esa gran colmena donde lo importante es sobrevivir. Los personajes
pertenecen a un buen número de estratos sociales, aunque se pueden simplificar
hablando de dos grupos: el de los triunfadores más o menos enriquecidos y explotadores de los demás y el
de los
sumidos en la pobreza, fracasados y aporreados por la miserable existencia
diaria.
- Junto al enfoque social hay también
una importante significación existencial.
Los
personajes que pululan por la obra son criaturas zarandeadas por la vida,
echadas a una vida por la que caminan sin rumbo fijo, a menudo desposeídas
incluso de la conciencia de su desgracia.
- Pero La colmena no
sólo fue a la vanguardia de la renovación temática de nuestra novela, sino también de la formal:
la narración de las peripecias de los distintos personajes es fragmentada,
pasando de uno a otro para luego retomarlo otra vez. Cada capítulo está
integrado por una serie de secuencias separadas por un espacio en blanco y de
longitud variable. Cada secuencia se centra en un personaje o en varios relacionados. La suma de estas
secuencias es como el conjunto de las celdillas de la colmena.
2.2.3- Características
de la novela social: Esta generación está integrada por un nutrido
grupo de escritores que pueden ser presentados de forma unitaria porque en
ellos coinciden rasgos biográficos y estéticos muy definidos:
- Por sus
fechas de nacimiento, no han participado activamente en la guerra civil, aunque
sí han sido testigos infantiles o juveniles.
- Cercanía en las fechas de publicación.
- En su gran mayoría son estudiantes ligados
a la contestación política universitaria en los cincuenta, que se vieron
impulsados a contar denunciando, sin excesivas preocupaciones formales, la
situación del país. De esta forma asumían las funciones de otros medios de
comunicación que, por el contrario, escamoteaban la realidad.
- Teniendo
en cuenta esta finalidad, podemos distinguir en estas novelas las siguientes
características:
1- Preferencia por personajes colectivos, por
lo que resulta difícil hablar de auténticos caracteres: grupos de empleados, de
mineros, de temporeros, etc, que suelen enfrentarse a sus jefes. Es frecuente
un fuerte maniqueísmo que opone buenos (obreros) a malos (clases dirigentes).
Puede haber también un personaje representativo, que sería la síntesis de una
clase o grupo. Como consecuencia de esto, la profundización psicológica es muy
escasa, ya que no interesan los conflictos interiores sino la representación
social.
2- Eliminación del
análisis psicológico de los personajes: el mundo interior de los personajes no
interesa al autor, quien en ningún caso intenta profundizar en el pensamiento o
en las motivaciones de sus personajes. Como en el cine, los personajes se
definen por lo que hacen y por lo que dicen. De ahí la importancia del diálogo,
que refleja el lenguaje coloquial, reproduciendo con exactitud giros y
expresiones de uso corriente para dar impresión de verosimilitud.
3- Espacio y tiempo reducido: son frecuentes los espacios no muy amplios (una casa, algunos barrios, un sector
de un pueblo) en los que se desarrolla una historia que dura poco
tiempo (un día, por ejemplo), ya que lo que se pretende es dar un valor
genérico y típico a los sucesos, de modo que lo que pasa en la novela es lo que
ocurre en cualquier lugar y momento en España.
4- Argumento
sencillo: A diferencia de la novela del XIX, no se plantean grandes conflictos
morales. El argumento consiste en una acumulación de pequeñas situaciones
intrascendentes.
3- La
sociedad deja de ser un simple marco en el que se desarrolla la historia para
convertirse en el tema mismo de la novela. Entre los principales campos
temáticos tenemos:
- La dura vida
del campo: Los bravos de Fernández Santos (1954) (nos describe la
vida en un pueblo leonés sometido a un cacique), novelas de Aldecoa como El
fulgor y la sangre (1954) o Con el viento solano (1956), La zanja (1961) de Alfonso Grosso, Dos días de
Septiembre (1962) de Caballero Bonald, ambas sobre el campo andaluz.
- El mundo
del trabajo: Central
eléctrica de López
Pacheco (1958) o en Gran Sol (1957) sobre la vida de los pescadores de altura.
- La vida de
las ciudades: aparte de las ya citadas La colmena y La
noria, predominan las que presentan los suburbios marginales con toda
su miseria: La
Piqueta de Antonio Ferres.
- El mundo
de la burguesía: si las novelas anteriormente citadas nos muestran la
solidaridad con los humildes, ahora tenemos una serie de novelas que nos
reflejan críticamente la vida burguesa: Juegos de manos (1954) y La
isla (1961) de Juan Goytisolo, Nuevas amistades (1959) y Tormenta de verano (1962) de García Hortelano, Entre visillos
(1957) de Carmen Martin Gaite.
4- No suelen
demostrar estos novelistas un gran interés por los aspectos formales, ya que lo
que les interesa principalmente es el contenido. La forma del relato es con
frecuencia la de una historia lineal, el lenguaje tampoco les preocupa
demasiado, adoptando normalmente un estilo directo y denotativo, lo cual a
veces desembocará en un empobrecimiento. Sin embargo, algunos novelistas como
Ferlosio, Aldecoa, Martín Gaite, Goytisolo, Caballero Bonald o Ana María Matute
si harán descripciones de mayor valor poético.
— Sin embargo, no todos los escritores
del grupo piensan que su obra deba ser una simple denuncia social basada en
unos claros postulados políticos. Por ello, se distinguen dos corrientes conexas
pero dif e— renciados.
2.2.4- Corrientes:
Suelen distinguirse dos líneas
dentro de la novela social.
2.2.4.1— El neorrealismo: El testimonio de estos escritores es solidario con el
sufrimiento humano y se realiza desde concepciones más humanitarias que
políticas. Se propone dar un simple testimonio de una determinada situación,
casi siempre de injusticia social, pero sin dar mensajes políticos.
Dentro de esta línea se encuentra, por ejemplo, Gran sol
de Ignacio Aldecoa. En ella relata las vicisitudes de los marineros de un barco
dedicado a la pesca de altura. Aldecoa muestra objetivamente sin caer en la
simplificación de buenos y malos y sin mostrar juicios de valor la dura
realidad de los pescadores.
Idéntico criterio adopta la novela más famosa de la generación: El
Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio Es una de las novelas más
importantes de toda la posguerra
por el impacto que causó en el momento de su aparición y por su influjo
posterior como representante del conductismo o behaviorismo, que consistía en
limitarse a registrar la conducta externa de individuos o grupos, sin penetrar en el interior de los personajes y
presentándolos como si no los conociera previamente. En ella relata
una excursión dominical de 11 jóvenes
madrileños a orillas del Jarama. No ocurren hechos de consideración, simplemente asistimos a la
conversación de los protagonistas que hablan de asuntos de escaso interés. De
esta forma,
Ferlosio pretende mostrarnos unas vidas carentes de interés, incapaces de
rebelarse contra un futuro que parece predeterminado, representativas de la
sociedad actual. La crítica de una situación social de abulia no aparece de
modo expreso ni directo, sino que se desprende de la presentación objetiva de
unas actuaciones que reflejan la rutinaria existencia de unos muchachos. El
diálogo es la técnica narrativa dominante: por medio de las conversaciones de
los personajes se muestra lo que se ve, lo que se oye, sin penetrar en la
interioridad de los protagonistas. El narrador sólo ofrece lo externo como si fuera
una cámara cinematográfica.
Otros autores de esta tendencia son
Jesús Fernández Santos, incluso Carmen Martín Gaite.
2.2.4.2- El realismo critico:
El testimonio humanitario, la solidaridad con los desposeídos característica de los novelistas neorrealistas, se
transforma poco a poco en una literatura claramente social que, incluso, puede
calificarse de socialista pues en ella se llegan a postular soluciones
concretas de partido. Los autores no se limitan a reflejar la realidad, sino
que pone de relieve las miserias e injusticias con ánimo de denuncia, de ahí
que seleccionen los aspectos de la realidad que mejor sirvan para ella.
Entendieron la literatura como una forma de concienciar al lector y de influir
en su postura ideológica. El autor no desaparece tras la ficción documental.
Aquí entrarían obras como La zanja, de Alfonso Grosso, y La
mina de Armando L. Salinas. Otro autor representante de esta línea es
Juan Goytisolo.
Esto
hizo que, en muchos casos, los relatos cayeran en el maniqueísmo: los obreros
se presentaban como explotados, viviendo en condiciones infrahumanas y
resignados a su suerte, pero, a pesar de ello, capaces de ser bondadosos; los
burgueses, por el contrario son seres egoístas y crueles, muchas veces ociosos,
alienados en un mundo sin ilusiones y repleto de mezquindades
-
Sin embargo, en la práctica es
difícil establecer una frontera entre unos y otros pues no cabe duda de
que detrás del neorrealismo existía una clara intención crítica.
2.3- La
renovación narrativa: de 1960 a 1975
2.3.1- Causas de la renovación: Aunque los años
sesenta se inician con el predominio de las formas realistas de intencionalidad
social, poco a poco a lo largo de la década comienzan a manifestarse signos de
cansancio del realismo dominante en la novela española. Muchas de las críticas
entre sus mismos representantes:
- El
realismo social se había enquistado en una fórmula monolítica y estereotipada
de la que se había abusado hasta caer en el cliché.
- Elementalidad
de las denuncias y falta de intensidad intelectual.
- Evidencia
de la ineficacia de la literatura concebida y practicada como arma de combate,
pues las masas populares no la leen y, además, el régimen franquista se ha
afianzado. Esto conduce a que el escritor deje de ser un notario de la realidad
sino un creador que se dirige a un público cada vez más culto, sobre todo
nuevas generaciones estudiantiles.
- Se han
olvidado y menospreciado las exigencias artísticas.
- Por otro lado, se producen en España cambios socio—económicos
que van a contribuir a ello: el turismo supone el conocimiento de unas
costumbres hasta entonces desconocidas y la nueva Ley de Prensa de 1966 que
hace menos rígida la censura y posibilita que las editoriales abran sus puertas
a escritores extranjeros que antes se habían leído clandestinamente. Por tanto,
nuestros escritores tienen cada vez más en cuenta las aportaciones de los
grandes novelistas extranjeros, que habían irrumpido con fuerza tras la primera
guerra mundial. El desarrollo social de países europeos y de EEUU había
permitido que ya entonces surgieran las primeras novelas precursoras de una
importante renovación formal: el conjunto de novelas que conforman el ciclo En
busca del tiempo perdido (1913-1927) de Marcel Proust, El proceso
(1915) de Kafka, Ulisses (1922) de James Joyce, Mientras agonizo
(1930) de William Faulkner, Las olas (1931) de Virginia Woolf.
La influencia decisiva de estas novelas se produjo de hecho en
todo el mundo después de la segunda guerra mundial. En España bastante más
tarde, a lo largo de los años 60, cuando el contacto con el exterior favorecido
por una mayor apertura permitió su entrada en el país.
Estos novelistas extranjeros rompen con las constantes de la
novela realista, aunque no olvidemos que en el caso español ya se había
producido con los novelistas del 98 y con los escritores de los años veinte y
treinta.
- También repercute el hecho de que en
esos momentos se produzca la irrupción de la nueva novela hispanoamericana,
cuya influencia va a ser fundamental en la novela española.
- La fecha que se suele tomar como partida de
esta renovación es 1962 con la publicación de Tiempo de silencio de
Luis Martín Santos. Aunque el autor es de la misma generación que los novelistas
sociales, con lo que comparte la misma visión crítica del país, introdujo
importante novedades tanto temáticas como, sobre todo, en lo referente a las
técnicas narrativas.
- Fue tal el impacto de esta novela
que los
escritores españoles poco a poco, a lo largo de la década de los 60, irán dando
prioridad a la experimentación formal frente al mero testimonio social. El
hecho de que en el año 1966 coincidan en un mismo año varios sintomáticos
libros (Señas de identidad de Juan Goytisolo, Ultimas
tardes con Teresa de Juan Marsé, Cinco horas con Mario de
Miguel Delibes) demuestra que el proceso de transformación es irreversible.
— Nos encontramos, por tanto, en un momento de búsqueda de nuevos
caminos narrativos a los que no van a ser ajenos varios novelistas de la
primera promoción de posguerra como Cela (San Camilo 1936
(1969)), Delibes (Cinco horas con Mario (1966); Parábola de
un náufrago (1969)) o Torrente Ballester (La saga/fuga de JB
(1972)).
— En cuanto a los cultivadores de la novela social, muchos
permanecerán varios años sin publicar dedicados a la reflexión personal acerca
de los nuevos caminos narrativos que iban a adoptar. Este es el caso de Juan
Goytisolo, Caballero Bonald o García Hortelano, que, tras algunos años de
silencio (unos más que otros), terminan incorporándose con una estructura
formal, un lenguaje y unos temas completamente nuevos.
— Por otro lado, a finales de los años 60 aparecen nuevos
narradores, nacidos aproximadamente entre 1937 y 1951, y que van a publicar sus
primeras obras entre 1968 y 1975: Eduardo Mendoza, José María Guelbenzu,
Francisco Umbral, Manuel Vázquez Montalbán, Félix de Azúa, Javier Marías, José
María Vaz de Soto, etc. Conforman la llamada Generación del 68.
Un denominador común a todos ellos es su niñez, formación y
desarrollo a lo largo de la dictadura de Franco y su paso por las universidades
coincidiendo con las primeras revueltas universitarias. Con sus primeras
novelas, van a contribuir a este proceso de renovación formal en la que se da
prioridad a la estructura novelesca, a las técnicas narrativas y al lenguaje a
costa de la presentación de una historia.
— Antes de comentar la obra de unos y otros, veamos en qué
consisten las principales innovaciones técnicas que va a incorporar la novela
española a partir de este momento.
2.3.2- Características de la nueva novela: La
renovación de la novela contemporánea ha sido el resultado de adaptar un género
literario a los nuevos tiempos. Desde El Quijote se concebía la
novela como un relato unitario de hechos verosímiles, que se cuentan
linealmente por el orden en que ocurren y que ha de tener una presentación, un
nudo y un desenlace. Ha de contar con un protagonista con el que se identifique
el lector. La novela del XIX era una obra perfectamente cerrada y de una
estructura clara y ordenada porque nos mostraba un mundo igualmente claro y
ordenado presidido por el poder de la razón. En cambio, al hombre del siglo XX
el mundo se le aparece como una realidad oscura, contradictoria y desconcertante
que exige ser representado por una forma también compleja y oscura. De ahí la
dificultad que muchas novelas contemporáneas presentan para el lector medio,
quien recobra en su lectura un papel mucho más activo.
- Para superar el modo de narrar
del siglo XIX, los novelistas introducen una serie de innovaciones que
obligarán al lector a colaborar en la creación artística: había que acabar con
el lector apacible que, sentado en su sillón, veía transcurrir páginas y
páginas de la novela. Ahora las novelas exigirán un esfuerzo constante de
identificación de tiempos, lugares y personajes.
Veamos algunas innovaciones:
— Argumento: Si la novela, hasta entonces, había dado lugar
privilegiado a la narración de una historia bastante clara, ahora ésta deja de
interesar. Lo principal no es ya la historia que se narra, sino la forma, el
cómo se narra. En muchas ocasiones, el argumento apenas existe, no es más que
una excusa para elaborar artificiosos juegos formales. Es frecuente la mezcla
desordenada de diálogos, monólogos, comentarios del narrador, etc. El lector
tendrá que reconstruir lo que le han dado de forma fragmentada y desordenada,
porque la vida es también desordenada.
En ocasiones puede ocurrir que se combinen y alternen varias
historias en lo que se conoce técnica del contrapunto. Cuando son muchas las
historias se habla de técnica caleidoscópica (La colmena)
- El personaje: Elemento importante
de la tradición narrativa había sido el personaje, hasta el punto de
convertirse en punto de referencia en la memoria del lector (Ana Ozores en La Regenta , Benina
en Misericordia) Si los personajes del XIX se recuerdan con tanta
facilidad es porque son tipos planos. Su personalidad se nos daba en el momento
en que aparecía en el relato y luego era fiel a ella durante toda la novela. En
cambio, ahora son frecuentes los personajes dudosos, contradictorios, que son
héroes en un capítulo para convertirse en mezquinos en el siguiente. Son
personajes misteriosos y antihéroes, de los que sólo se conoce una parte de su
personalidad y de los que desconocemos muchas cosas de su pasado. En el momento
de aparecer se nos da algún detalle y luego le iremos conociendo más a fondo
por sus actuaciones a lo largo de la novela, que es lo que nos ocurre al
conocer a personas en nuestra vida.
- Tiempo. En la novela tradicional el tiempo discurría
linealmente y el novelista nos iba contando las peripecias que le sucedían a
los personajes siguiendo un orden cronológico. Sin embargo, al novelista del
siglo XX deja de interesarle el físico, que se mide objetivamente, sino el
tiempo vital, tal como es vivido por los personajes. El primero es el que mide
el calendario, el otro es el que se nos hace muy breve en los buenos momentos y
muy largo en los malos,. Por ello, son frecuentes los experimentos con el
tiempo. El desorden cronológico es una de las características de la novela
actual, ya que la memoria humana no siempre ordena sus evocaciones. Así, se dan
rupturas temporales, anticipaciones y retrospecciones (lo que en el cine se
llama flash—back) La simultaneidad de distintas acciones trata de resolverse en
algunos casos mediante la página de doble columna.
- Narrador: Se abandona la fácil
omnisciencia del narrador tradicional para adoptar todo tipo de innovaciones en
el uso del punto de vista:
— Combinar distintos puntos de vista,
de manera que el narrador sólo cuenta lo que un determinado personaje conoce
(narrador selectivo)
— Convertir al narrador en una cámara
cinematográfica que se limita a contar lo que ve (técnica behaviorista o
conductista)
— Presentar un mismo hecho desde
distintos puntos de vista (perspectivismo múltiple): El cuarteto de
Alejandría de Laurence Durrell se nos presenta en cautro relatos sobre
los mismos hechos: Justine en que un profesor enamorado de la protagonista rememora
es época como maravillosa; Baltasar, en que un testigo de los hechos contradice
lo narrado antes; Mountolive, en que un embajador inglés trata de hacer un
relato objetivo e lo ocurrido y Clea donde se nos muestra buena parte e los
personajes, cinco años más tarde, reconstruyendo ese pasado
— Utilización de la segunda persona,
de manera que el protagonista se dirige a sí mismo como si desdoblara su
personalidad.
En Cinco horas con Mario (1966), para muchos la
mejor novela de Delibes, hay un largo monólogo en los que la protagonista se
dirige en segunda persona a su marido recién fallecido, al que vela
durante toda la noche. No hay un orden ni en la aparición de los temas ni en su
desarrollo, ya que aparecen según asociaciones caprichosas.
A través de la evocación que hace de sus vidas, se nos presentan
dos concepciones opuestas de la vida: la del marido, Mario, representante de
los sectores intelectuales inconformistas con el Régimen y la de la mujer,
Carmen, ama de casa, prototipo de la clase media tradicional y conservadora.
No cabe duda de que el autor defiende la postura de Mario, para
lo cual selecciona una serie de motivos que hacen que la figura del marido sea
digna y noble y la de la mujer resulte egoísta y ridícula.
— Uso de la primera persona en lo que
se conoce como monólogo interior, cuyo principal precursor fue James Joyce. El
monólogo interior consiste en reproducir en primera persona los pensamientos
callados de los personajes, tal como surgen en su conciencia. Por tanto, se
unen percepciones, recuerdos, asociaciones libres de ideas mediante una
difícil sintaxis.
- Lenguaje. Cualquier clase de estilo
es válido. Se tiende a borrar la frontera entre la prosa y el verso, pues el
lenguaje poético penetra abundantemente en la novela.
2.3.3- Tiempo de silencio (1962)
Fue para la novela social lo que el Quijote para los libros de caballería.
Cervantes, gran admirador de la novela de caballerías, liquidó el género. Del
mismo modo, Martín Santos, a pesar de su ideología, sometió a la novela social
a una demoledora crítica y, al mismo tiempo, abrió nuevos caminos a la novela
española. Fue tal su repercusión que, después de ella, apenas aparecerán
novelas sociales y la mayoría de los escritores se sumaron a la tendencia
renovadora.
El argumento
es muy sencillo: Pedro, un joven médico que investiga sobre el cáncer en un
laboratorio, necesita ratones para proseguir sus experimentos. Amador, su
ayudante, le pone en contacto con el Muecas, un pariente suyo que vive con su
familia en una chabola. Una noche, el Muecas pide a Pedro que preste atención a
su hija, quien sufría una fuerte hemorragia como consecuencia de un aborto
provocado por su padre, que la había dejado embarazada. Florita muere, y Pedro
es detenido por la policía. Tras demostrar su inocencia le dejan en libertad,
pero es expulsado del laboratorio. Pedro accede a casarse con Dorita, hija de
la dueña de su pensión. Sin embargo, Dorita va a ser asesinada por Cartucho,
quien quería vengarse de Pedro por creerle culpable de la muerte de Florita, su
novia. Desolado, el protagonista vuelve a su pueblo a ejercer la medicina
Su
importancia radica tanto en aspectos temáticos como, sobre todos, formales:
1) Este
argumento sirve para realizar una radiografía de los diferentes grupos sociales
del Madrid de los años cuarenta: la alta burguesía, los intelectuales de clase
media, la pequeña burguesía y los grupos marginales. Pero frente a la
simplicidad intelectual de muchas novelas sociales que simplificaban los
problemas sociales a un enfrentamiento entre buenos y malos, Tiempo de
silencio muestra cómo también los más humildes, los chabolistas,
presentaban graves lacras humanas. Por tanto, el trasfondo es sumamente
pesimista con el ser humano. Lo que pretende dejar claro Martín santos es que
los condicionamientos sociales no son los únicos aspectos de la realidad del
hombre que determinan su comportamiento y, por tanto, sus éxitos o sus
fracasos.
2) Lo que
convierte a esta novela en una obra maestra
es su extraordinaria riqueza de técnicas narrativas y de registros
lingüísticos: uso del monólogo interior, mezcla de distintos estilos (desde
oraciones extensas y barrocas, que contrastan con la realidad que
describe, a otras breves y concisas,
palabras populares con otras muy cultas), división en secuencia en blanco en
vez de en capítulos, digresiones que interrumpen la historia sobre diversos
temas
2.4- La novela a partir de 1975
- La
publicación de La verdad sobre el caso Savolta (19759 de Eduardo
Mendoza marcará un cambio de tendencia narrativa que, sin renegar de las
técnicas experimentales, recuperará el placer de contar historias interesantes,
poniendo de relieve la importancia de un buen argumento en la valoración final
de una novela. Este cambio será llevado a cabo por una generación de escritores
, nacidos entre 1939 y 1950, llamada Generación del 68, la cual, en general, se
inicia en el experimentalismo y, más tarde, lo irá abandonando: Manuel Vázquez
Montalbán, Eduardo Mendoza, José María Merino, Luis Mateo Díaz, Juan José
Millás, etc