lunes, 11 de mayo de 2015

la novela de posguerra


 
                                                                       2- LA NOVELA
 
                                                           2.1- La novela de posguerra
 
              En los años cuarenta la novela española (la literatura en general) tuvo que sufrir las consecuencias de la guerra civil:
 
             1- En los primeros años de posguerra la vida en España estuvo marcada por una situación caracterizada por la escasez de bienes, donde, sobre todo en los perdedores, era evidente la frustración, el pesimismo y la lucha por la supervivencia 
 
             2- La mayor parte de la intelectualidad y del inundo de la cultura se había adscrito a la causa republicana y fueron muy escasos los hombres de letras de alguna valía que se sumaron a la rebelión militar. Por tanto, al finalizar la guerra civil, buena parte de nuestros intelec­tuales que habían estado al lado de la República marchan al exilio (poetas como JR Jiménez, Cernuda, Guillén o Alberti, novelistas como Pérez de Ayala o Ramón.J Sénder).
 
             Por otro lado, narradores importantes que habían quedado en España como Baroja o Azorín no volvieron a escribir obras importantes.
 
             Y, por si fuera poco, el régimen franquista propició una cultura que enalteciera los valores del nuevo régimen político.
 
              3- Rigor de la censura: prohibía la más mínima desviación o crítica de la doctrina oficial. A diferencia de la poesía, los censores consideraban a la novela más peligrosa, pues, al poder acceder a un mayor número de lectores, pensaban que el riesgo de propagación de las ideas subversivas era mayor. Esto va a suponer la prohibición de las mejores novelas extranjeras: fueron prohibidas las obras de muchos intelectuales extranjeros que simpatizaban con la República (Hemingway) o cuyas ideas discrepaban de los principios políticos y religiosos del Régimen. Debido a ello, las obras de los grandes renovadores de la novela contemporánea (Proust, Joyce, Kafka, etc) no pudieron circular en el país, cerrado a cualquier novedad sospechosa. España permaneció aislada del mundo político y cultural de Occidente
 
           4- Rechazo no sólo de toda la literatura republicana progre­sista y de compromiso social, sino también de todas aquellas obras que encarnasen tendencias liberales, por lo que escritores que ya entonces pertenecían a la historia de nuestra literatura como Clarín o Galdós ven obstaculizada la difusión de sus obras.
 
           5- Proliferación de una literatura nacionalista, glorificadora del Régimen favorecida desde el poder. Se exalta propagandísticamente la política del Régimen, se veja al enemigo derrotado, se destacan los hechos heroicos de los hombres que los protagonizaron en el bando nacional, etc
 
             - Durante los primeros años de posguerra, va a predominar un tipo de novela propagandística de las ideas del Régimen. En este sentido, son muy numerosas las novelas centradas en la guerra civil que exaltan a los vencedores y desprecian a los perdedores. En todas ellas predomina un gran apasionamiento político y un escaso valor literario. También se escribirán numerosas novelas que harán propaganda del ideario falangista.


 
             - En este panorama cultural no cuesta gran esfuerzo imaginar la dificultad que los jóvenes autores tuvieron para llevar a cabo su labor. Desconectados de la obra de los escritores del exilio y de los escritores europeos y americanos, su tarea se realizó con graves limitaciones.
 
             En el año 1942 se publica la primera y más importante novela de esta década: La familia de Pascual Duarte de Camilo Cela. Su aparición supuso una convulsión en el panorama de la narrativa española
por lo que supuso de ruptura con la literatura oficial y de testimonio de una existencia desoladora y conflictiva.
 
             A ella le siguieron otras dos novelas importantes: Nada (1945) de Carmen Laforet y  la primera novela de Miguel Delibes:  La sombra del ciprés es alargada (1948)
 
             Todas estas novelas suponen una visión amarga de la vida cotidiana de aquel momento. Su enfoque se hace desde lo existencial,  de ahí que abunden personajes desarraigados y angustiados y que los temas dominantes sean la soledad, la frustración y la muerte.
 
Todo ello revela un malestar que en el fondo es social, pero aún no podemos hablar de novela social, ya que la censura limitaba el alcance de las denuncias.
 
- La familia de Pascual Duarte (1942), es la confesión de un condenado a muerte que trata de explicar sus crímenes como consecuencia de las circunstancias de su existencia. Criado en un ambiente de primitivismo y brutalidad, Pascual adquiere una personalidad compleja: es cruel e irracional, pero también tierno y delicado. Su carácter violento y su conducta dominada por el instinto, consecuencia del ambiente rural subdesarrollado de su formación, le lleva a cometer toda una serie de crímenes. En todos los casos Pascual rechaza su culpabilidad, descargándola en su formación entre la miseria y la violencia.
 
Por tanto, la novela muestra una concepción del hombre como criatura arrastrada por la doble presión de la herencia y el medio social.
 
La novela dio origen a lo que se consideró el tremendismo: utilización de un lenguaje violento, lleno de palabras poco literarias, para mostrar un mundo igualmente violento y amargo.
 
             - Nada (1944) dio a conocer a la joven escritora Carmen Laforet (1921). Narra en primera persona la vida de Andrea con unos familiares en Barcelona, donde va a realizar estudios universitarios. Por medio de personajes frustrados, de catástrofes personales y de un ambiente opresivo y sórdido se presenta una visión pesimista de la realidad.
 
                                                             2.2- La novela social
 
2.2.1- Contexto histórico: Para la gran mayoría de la crítica es La colmena de Cela (1951) la precursora de la novela social con su despiadada visión de la sociedad madrileña de posguerra. Como luego harán las novelas sociales, La colmena es producto de la observación de la vida madrileña y presenta al hombre corriente en su ambiente cotidiano. Otra obra representativa de 1951 es La noria de Luis Romero, ahora con Barcelona como marco. También deben añadirse como iniciadoras dos novelas de Miguel Delibes:    El camino (1950) y Ni idolatrado hijo Sisí (1953), que reflejan ambientes bien concretos: un pueblo castellano y una familia burguesa.
 
            - Para entender el cambio que se empieza a producir en la literatura española, hay que tener en cuenta una serie de circunstancias que lógicamente se reflejan en todas las manifestaciones artísticas.
 
A partir de 1951 hay una mínima apertura del Régimen en busca de cierto reconocimiento internacional (en 1955 entra en la ONU), lo cual repercute positivamente en el desarrollo de la literatura española. Hay una mayor flexibilidad en la censura, lo cual permitió la difusión de las novelas de los grandes escritores occidentales: el neorrealismo italiano (Moravia, Pavese), los escritores americanos de la “generación perdida” (Hemingway, Dos Passos, Faulkner) y la literatura francesa de posguerra como el existencialismo o las primeras manifestaciones del “nouveau roman”.
 
Esta nueva flexibilidad hizo que hubiera una mayor tolerancia siempre que no se tocasen temas políticos o relativos a la moralidad sexual.
 
Diversos fenómenos socio—económicos repercutieron también: el inicio del desarrollo industrial ocasionó grandes transformaciones sociales (movimientos migratorios que despueblan los campos y producen suburbios proletarios en las grandes ciudades, emigración a Europa de muchos trabajadores)
 
Las barreras censoras siguen siendo muy fuertes, pero ya no irreductibles, pues cada vez será más difícil el contacto con el resto del mundo. Muchos jóvenes aprovechan para viajar al extranjero y de manera clandestina irán llegando muchos libros prohibidos de la cultura occidental.
 
             - Así llegamos a 1954, año que podemos considerar inaugural dentro de la novela social en el sentido más estricto. En este año y en los que inmediatamente le siguen se dan a conocer Aldecoa, Fernández Santos, Sánchez Ferlosio, Juan Goytisolo, García Hortelano, Alfonso Grosso, Caballero Bonald, Carmen Martín Gaite, etc. El conjunto de estos autores, nacidos entre 1925 y 1931, ha recibido la denominación de generación de Medio Siglo.
 
2.2.2- La colmena: novela precursora de la novela social: La Colmena, con más de 300 personajes, en forma de personaje colectivo, representa la amarga existencia del Madrid de la posguerra a lo largo de tres días del año 1942. Es una novela que, sin apenas argumento, presenta la degradación de la España de la inmediata posguerra: dinero, hambre y sexo se convierten en las únicas preocupaciones de unos personajes que ocupan esa gran colmena donde lo importante es sobrevivir. Los personajes pertenecen a un buen número de estratos sociales, aunque se pueden simplificar hablando de dos grupos: el de los triunfadores más o menos enriquecidos y explotadores de los demás y el de los sumidos en la pobreza, fracasados y aporreados por la miserable existencia diaria.
 
             - Junto al enfoque social hay también una importante significación existencial. Los personajes que pululan por la obra son criaturas zarandeadas por la vida, echadas a una vida por la que caminan sin rumbo fijo, a menudo desposeídas incluso de la conciencia de su desgracia.
 
            - Pero La colmena no sólo fue a la vanguardia de la renovación temática de nuestra novela, sino también de la formal: la narración de las peripecias de los distintos personajes es fragmentada, pasando de uno a otro para luego retomarlo otra vez. Cada capítulo está integrado por una serie de secuencias separadas por un espacio en blanco y de longitud variable. Cada secuencia se centra en un personaje o en varios relacionados. La suma de estas secuencias es como el conjunto de las celdillas de la colmena.
 
             2.2.3- Características de la novela social: Esta generación está integrada por un nutrido grupo de escritores que pueden ser presentados de forma unitaria porque en ellos coinciden rasgos biográficos y estéticos muy definidos:
 
             - Por sus fechas de nacimiento, no han participado activamente en la guerra civil, aunque sí han sido testigos infantiles o juveniles.
 
             - Cercanía en las fechas de publicación.
 
            - En su gran mayoría son estudiantes ligados a la contestación política universitaria en los cincuenta, que se vieron impulsados a contar denunciando, sin excesivas preocupaciones formales, la situación del país. De esta forma asumían las funciones de otros medios de comunicación que, por el contrario, escamoteaban la realidad.
 
             - Teniendo en cuenta esta finalidad, podemos distinguir en estas novelas las siguientes características:
 
             1-  Preferencia por personajes colectivos, por lo que resulta difícil hablar de auténticos caracteres: grupos de empleados, de mineros, de temporeros, etc, que suelen enfrentarse a sus jefes. Es frecuente un fuerte maniqueísmo que opone buenos (obreros) a malos (clases dirigen­tes). Puede haber también un personaje representativo, que sería la síntesis de una clase o grupo. Como consecuencia de esto, la profundización psicológica es muy escasa, ya que no interesan los conflictos interiores sino la representación social.


 
            2- Eliminación del análisis psicológico de los personajes: el mundo interior de los personajes no interesa al autor, quien en ningún caso intenta profundizar en el pensamiento o en las motivaciones de sus personajes. Como en el cine, los personajes se definen por lo que hacen y por lo que dicen. De ahí la importancia del diálogo, que refleja el lenguaje coloquial, reproduciendo con exactitud giros y expresiones de uso corriente para dar impresión de verosimilitud.
 
           3- Espacio y tiempo reducido: son frecuentes los espacios no muy amplios (una casa, algunos barrios, un sector de un pueblo) en los que se desarrolla una historia que dura poco tiempo (un día, por ejemplo), ya que lo que se pretende es dar un valor genérico y típico a los sucesos, de modo que lo que pasa en la novela es lo que ocurre en cualquier lugar y momento en España.
 
           4- Argumento sencillo: A diferencia de la novela del XIX, no se plantean grandes conflictos morales. El argumento consiste en una acumulación de pequeñas situaciones intrascendentes.
 
           3- La sociedad deja de ser un simple marco en el que se desarrolla la historia para convertirse en el tema mismo de la novela. Entre los principales campos temáticos tenemos:
 
           - La dura vida del campo: Los bravos de Fernández Santos (1954) (nos describe la vida en un pueblo leonés sometido a un cacique), novelas de Aldecoa como El fulgor y la sangre (1954) o Con el viento solano (1956), La zanja (1961) de Alfonso Grosso, Dos días de Septiembre (1962) de Caballero Bonald, ambas sobre el campo andaluz.
 
            - El mundo del trabajo: Central eléctrica de López Pacheco (1958) o en Gran Sol (1957) sobre la vida de los pescadores de altura.
 
             - La vida de las ciudades: aparte de las ya citadas La colmena y La noria, predominan las que presentan los suburbios marginales con toda su miseria: La Piqueta de Antonio Ferres.
 
             - El mundo de la burguesía: si las novelas anteriormente citadas nos muestran la solidaridad con los humildes, ahora tenemos una serie de novelas que nos reflejan críticamente la vida burguesa: Juegos de manos (1954) y La isla (1961) de Juan Goytisolo, Nuevas amistades (1959) y Tormenta de verano (1962) de García Hortelano, Entre visillos (1957) de Carmen Martin Gaite.
 
            4- No suelen demostrar estos novelistas un gran interés por los aspectos formales, ya que lo que les interesa principalmente es el contenido. La forma del relato es con frecuencia la de una historia lineal, el lenguaje tampoco les preocupa demasiado, adoptando normalmente un estilo directo y denotativo, lo cual a veces desembocará en un empobrecimiento. Sin embargo, algunos novelistas como Ferlosio, Aldecoa, Martín Gaite, Goytisolo, Caballero Bonald o Ana María Matute si harán descripciones de mayor valor poético.
 
Sin embargo, no todos los escritores del grupo piensan que su obra deba ser una simple denuncia social basada en unos claros postulados políticos. Por ello, se distinguen dos corrientes conexas pero dif e— renciados.
 
             2.2.4- Corrientes: Suelen distinguirse dos líneas dentro de la novela social.
 
2.2.4.1— El neorrealismo: El testimonio de estos escritores es solidario con el sufrimiento humano y se realiza desde concepciones más humanitarias que políticas. Se propone dar un simple testimonio de una determinada situación, casi siempre de injusticia social, pero sin dar mensajes políticos.
 
Dentro de esta línea se encuentra, por ejemplo, Gran sol de Ignacio Aldecoa. En ella relata las vicisitudes de los marineros de un barco dedicado a la pesca de altura. Aldecoa muestra objetivamente sin caer en la simplificación de buenos y malos y sin mostrar juicios de valor la dura realidad de los pescadores.


 
Idéntico criterio adopta la novela más famosa de la generación: El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio Es una de las novelas más importantes de toda la posguerra por el impacto que causó en el momento de su apari­ción y por su influjo posterior como representante del conductismo o behaviorismo, que consistía en limitarse a registrar la conducta externa de individuos o grupos, sin penetrar en el interior de los personajes y presentándolos como si no los conociera previamente. En ella relata una excursión dominical de 11 jóvenes madrileños a orillas del Jarama. No ocurren hechos de consideración, simplemente asistimos a la conversación de los protagonistas que hablan de asuntos de escaso interés. De esta forma, Ferlosio pretende mostrarnos unas vidas carentes de interés, incapaces de rebelarse contra un futuro que parece predeterminado, representativas de la sociedad actual. La crítica de una situación social de abulia no aparece de modo expreso ni directo, sino que se desprende de la presentación objetiva de unas actuaciones que reflejan la rutinaria existencia de unos muchachos. El diálogo es la técnica narrativa dominante: por medio de las conversaciones de los personajes se muestra lo que se ve, lo que se oye, sin penetrar en la interioridad de los protagonistas. El narrador sólo ofrece lo externo como si fuera una cámara cinematográfica.
 
Otros autores de esta tendencia son Jesús Fernández Santos, incluso Carmen Martín Gaite.
 
2.2.4.2- El realismo critico: El testimonio humanitario, la solidaridad con los desposeídos característica de los novelistas neorrealistas, se transforma poco a poco en una literatura claramente social que, incluso, puede calificarse de socialista pues en ella se llegan a postular soluciones concretas de partido. Los autores no se limitan a reflejar la realidad, sino que pone de relieve las miserias e injusticias con ánimo de denuncia, de ahí que seleccionen los aspectos de la realidad que mejor sirvan para ella. Entendieron la literatura como una forma de concienciar al lector y de influir en su postura ideológica. El autor no desaparece tras la ficción documental. Aquí entrarían obras como La zanja, de Alfonso Grosso, y La mina de Armando L. Salinas. Otro autor repre­sentante de esta línea es Juan Goytisolo.
 
             Esto hizo que, en muchos casos, los relatos cayeran en el maniqueísmo: los obreros se presentaban como explotados, viviendo en condiciones infrahumanas y resignados a su suerte, pero, a pesar de ello, capaces de ser bondadosos; los burgueses, por el contrario son seres egoístas y crueles, muchas veces ociosos, alienados en un mundo sin ilusiones y repleto de mezquindades
 
             - Sin embargo, en la práctica es difícil establecer una frontera entre unos y otros pues no cabe duda de que detrás del neorrealismo existía una clara intención crítica.
 
                           2.3- La renovación narrativa: de 1960 a 1975
 
2.3.1- Causas de la renovación: Aunque los años sesenta se inician con el predominio de las formas realistas de intencionalidad social, poco a poco a lo largo de la década comienzan a manifestarse signos de cansancio del realismo dominante en la novela española. Muchas de las críticas entre sus mismos representantes:
 
            - El realismo social se había enquistado en una fórmula monolítica y estereotipada de la que se había abusado hasta caer en el cliché.
 
            - Elementalidad de las denuncias y falta de intensidad intelectual.
 
            - Evidencia de la ineficacia de la literatura concebida y practicada como arma de combate, pues las masas populares no la leen y, además, el régimen franquista se ha afianzado. Esto conduce a que el escritor deje de ser un notario de la realidad sino un creador que se dirige a un público cada vez más culto, sobre todo nuevas generaciones estudiantiles.
 
            - Se han olvidado y menospreciado las exigencias artísticas.
 
- Por otro lado, se producen en España cambios socio—económicos que van a contribuir a ello: el turismo supone el conocimiento de unas costumbres hasta entonces desconocidas y la nueva Ley de Prensa de 1966 que hace menos rígida la censura y posibilita que las editoriales abran sus puertas a escritores extranjeros que antes se habían leído clandestinamente. Por tanto, nuestros escritores tienen cada vez más en cuenta las aportaciones de los grandes novelistas extranjeros, que habían irrumpido con fuerza tras la primera guerra mundial. El desarrollo social de países europeos y de EEUU había permitido que ya entonces surgieran las primeras novelas precursoras de una importante renovación formal: el conjunto de novelas que conforman el ciclo En busca del tiempo perdido (1913-1927) de Marcel Proust, El proceso (1915) de Kafka, Ulisses (1922) de James Joyce, Mientras agonizo (1930) de William Faulkner, Las olas (1931) de Virginia Woolf.
 
La influencia decisiva de estas novelas se produjo de hecho en todo el mundo después de la segunda guerra mundial. En España bastante más tarde, a lo largo de los años 60, cuando el contacto con el exterior favorecido por una mayor apertura permitió su entrada en el país.
 
Estos novelistas extranjeros rompen con las constantes de la novela realista, aunque no olvidemos que en el caso español ya se había producido con los novelistas del 98 y con los escritores de los años veinte y treinta.
 
             - También repercute el hecho de que en esos momentos se produzca la irrupción de la nueva novela hispanoamericana, cuya influencia va a ser fundamental en la novela española.
 
             - La fecha que se suele tomar como partida de esta renovación es 1962 con la publicación de Tiempo de silencio de Luis Martín Santos. Aunque el autor es de la misma generación que los novelistas sociales, con lo que comparte la misma visión crítica del país, introdujo importante novedades tanto temáticas como, sobre todo, en lo referente a las técnicas narrativas.
 
             - Fue tal el impacto de esta novela que los escritores españoles poco a poco, a lo largo de la década de los 60, irán dando prioridad a la experimentación formal frente al mero testimonio social. El hecho de que en el año 1966 coincidan en un mismo año varios sintomáticos libros (Señas de identidad de Juan Goytisolo, Ultimas tardes con Teresa de Juan Marsé, Cinco horas con Mario de Miguel Delibes) demuestra que el proceso de transformación es irreversible.
 
Nos encontramos, por tanto, en un momento de búsqueda de nuevos caminos narrativos a los que no van a ser ajenos varios novelistas de la primera promoción de posguerra como Cela (San Camilo 1936 (1969)), Delibes (Cinco horas con Mario (1966); Parábola de un náufrago (1969)) o Torrente Ballester (La saga/fuga de JB (1972)).
 
En cuanto a los cultivadores de la novela social, muchos permanecerán varios años sin publicar dedicados a la reflexión personal acerca de los nuevos caminos narrativos que iban a adoptar. Este es el caso de Juan Goytisolo, Caballero Bonald o García Hortelano, que, tras algunos años de silencio (unos más que otros), terminan incorporándose con una estructura formal, un lenguaje y unos temas completamente nuevos.
 
Por otro lado, a finales de los años 60 aparecen nuevos narradores, nacidos aproximadamente entre 1937 y 1951, y que van a publicar sus primeras obras entre 1968 y 1975: Eduardo Mendoza, José María Guelbenzu, Francisco Umbral, Manuel Vázquez Montalbán, Félix de Azúa, Javier Marías, José María Vaz de Soto, etc. Conforman la llamada Generación del 68.
 
Un denominador común a todos ellos es su niñez, formación y desarrollo a lo largo de la dictadura de Franco y su paso por las universidades coincidiendo con las primeras revueltas universitarias. Con sus primeras novelas, van a contribuir a este proceso de renovación formal en la que se da prioridad a la estructura novelesca, a las técnicas narrativas y al lenguaje a costa de la presentación de una historia.
 
Antes de comentar la obra de unos y otros, veamos en qué consisten las principales innovaciones técnicas que va a incorporar la novela española a partir de este momento.
 
2.3.2- Características de la nueva novela: La renovación de la novela contemporánea ha sido el resultado de adaptar un género literario a los nuevos tiempos. Desde El Quijote se concebía la novela como un relato unitario de hechos verosímiles, que se cuentan linealmente por el orden en que ocurren y que ha de tener una presentación, un nudo y un desenlace. Ha de contar con un protagonista con el que se identifique el lector. La novela del XIX era una obra perfectamente cerrada y de una estructura clara y ordenada porque nos mostraba un mundo igualmente claro y ordenado presidido por el poder de la razón. En cambio, al hombre del siglo XX el mundo se le aparece como una realidad oscura, contradictoria y descon­certante que exige ser representado por una forma también compleja y oscura. De ahí la dificultad que muchas novelas contemporáneas presentan para el lector medio, quien recobra en su lectura un papel mucho más activo.
 
             - Para superar el modo de narrar del siglo XIX, los novelistas introducen una serie de innovaciones que obligarán al lector a colaborar en la creación artística: había que acabar con el lector apacible que, sentado en su sillón, veía transcurrir páginas y páginas de la novela. Ahora las novelas exigirán un esfuerzo constante de identificación de tiempos, lugares y personajes.
 
Veamos algunas innovaciones:
 
Argumento: Si la novela, hasta entonces, había dado lugar privilegiado a la narración de una historia bastante clara, ahora ésta deja de interesar. Lo principal no es ya la historia que se narra, sino la forma, el cómo se narra. En muchas ocasiones, el argumento apenas existe, no es más que una excusa para elaborar artificiosos juegos formales. Es frecuente la mezcla desordenada de diálogos, monólogos, comentarios del narrador, etc. El lector tendrá que reconstruir lo que le han dado de forma fragmentada y desordenada, porque la vida es también desordenada.
 
En ocasiones puede ocurrir que se combinen y alternen varias historias en lo que se conoce técnica del contrapunto. Cuando son muchas las historias se habla de técnica caleidoscópica (La colmena)
 


            - El personaje: Elemento importante de la tradición narrativa había sido el personaje, hasta el punto de convertirse en punto de referencia en la memoria del lector (Ana Ozores en La Regenta, Benina en Misericordia) Si los personajes del XIX se recuerdan con tanta facilidad es porque son tipos planos. Su personalidad se nos daba en el momento en que aparecía en el relato y luego era fiel a ella durante toda la novela. En cambio, ahora son frecuentes los personajes dudosos, contradicto­rios, que son héroes en un capítulo para convertirse en mezquinos en el siguiente. Son personajes misteriosos y antihéroes, de los que sólo se conoce una parte de su personalidad y de los que desconocemos muchas cosas de su pasado. En el momento de aparecer se nos da algún detalle y luego le iremos conociendo más a fondo por sus actuaciones a lo largo de la novela, que es lo que nos ocurre al conocer a personas en nuestra vida.

 

- Tiempo. En la novela tradicional el tiempo discurría linealmente y el novelista nos iba contando las peripecias que le sucedían a los personajes siguiendo un orden cronológico. Sin embargo, al novelista del siglo XX deja de interesarle el físico, que se mide objeti­vamente, sino el tiempo vital, tal como es vivido por los personajes. El primero es el que mide el calendario, el otro es el que se nos hace muy breve en los buenos momentos y muy largo en los malos,. Por ello, son frecuentes los experimentos con el tiempo. El desorden cronológico es una de las características de la novela actual, ya que la memoria humana no siempre ordena sus evocaciones. Así, se dan rupturas temporales, anticipaciones y retrospecciones (lo que en el cine se llama flash—back) La simultaneidad de distintas acciones trata de resolverse en algunos casos mediante la página de doble columna.

 

             - Narrador: Se abandona la fácil omnisciencia del narrador tradicional para adoptar todo tipo de innovaciones en el uso del punto de vista:

 

Combinar distintos puntos de vista, de manera que el narrador sólo cuenta lo que un determinado personaje conoce (narrador selectivo)

 

Convertir al narrador en una cámara cinematográfica que se limita a contar lo que ve (técnica behaviorista o conductista)

 

Presentar un mismo hecho desde distintos puntos de vista (perspectivismo múltiple): El cuarteto de Alejandría de Laurence Durrell se nos presenta en cautro relatos sobre los mismos hechos: Justine en que un profesor enamorado de la protagonista rememora es época como maravillosa; Baltasar, en que un testigo de los hechos contradice lo narrado antes; Mountolive, en que un embajador inglés trata de hacer un relato objetivo e lo ocurrido y Clea donde se nos muestra buena parte e los personajes, cinco años más tarde, reconstruyendo ese pasado

 

Utilización de la segunda persona, de manera que el protagonista se dirige a sí mismo como si desdoblara su personalidad.

 

En Cinco horas con Mario (1966), para muchos la mejor novela de Delibes, hay un largo monólogo en los que la protagonista se dirige en  segunda persona  a su marido recién fallecido, al que vela durante toda la noche. No hay un orden ni en la aparición de los temas ni en su desarrollo, ya que aparecen según asociaciones caprichosas.

 

A través de la evocación que hace de sus vidas, se nos presentan dos concepciones opuestas de la vida: la del marido, Mario, representante de los sectores intelectuales inconformistas con el Régimen y la de la mujer, Carmen, ama de casa, prototipo de la clase media tradicional y conservadora.

 

No cabe duda de que el autor defiende la postura de Mario, para lo cual selecciona una serie de motivos que hacen que la figura del marido sea digna y noble y la de la mujer resulte egoísta y ridícula.

 

Uso de la primera persona en lo que se conoce como monólogo interior, cuyo principal precursor fue James Joyce. El monólogo interior consiste en reproducir en primera persona los pensamientos callados de los personajes, tal como surgen en su conciencia. Por tanto, se unen percep­ciones, recuerdos, asociaciones libres de ideas mediante una difícil sintaxis.

 

             - Lenguaje. Cualquier clase de estilo es válido. Se tiende a borrar la frontera entre la prosa y el verso, pues el lenguaje poético penetra abundantemente en la novela.

 

             2.3.3- Tiempo de silencio (1962) Fue para la novela social lo que el Quijote para los libros de caballería. Cervantes, gran admirador de la novela de caballerías, liquidó el género. Del mismo modo, Martín Santos, a pesar de su ideología, sometió a la novela social a una demoledora crítica y, al mismo tiempo, abrió nuevos caminos a la novela española. Fue tal su repercusión que, después de ella, apenas aparecerán novelas sociales y la mayoría de los escritores se sumaron a la tendencia renovadora.

 

El argumento es muy sencillo: Pedro, un joven médico que investiga sobre el cáncer en un laboratorio, necesita ratones para proseguir sus experimentos. Amador, su ayudante, le pone en contacto con el Muecas, un pariente suyo que vive con su familia en una chabola. Una noche, el Muecas pide a Pedro que preste atención a su hija, quien sufría una fuerte hemorragia como consecuencia de un aborto provocado por su padre, que la había dejado embarazada. Florita muere, y Pedro es detenido por la policía. Tras demostrar su inocencia le dejan en libertad, pero es expulsado del laboratorio. Pedro accede a casarse con Dorita, hija de la dueña de su pensión. Sin embargo, Dorita va a ser asesinada por Cartucho, quien quería vengarse de Pedro por creerle culpable de la muerte de Florita, su novia. Desolado, el protagonista vuelve a su pueblo a ejercer la medicina

 

Su importancia radica tanto en aspectos temáticos como, sobre todos, formales:

 

1) Este argumento sirve para realizar una radiografía de los diferentes grupos sociales del Madrid de los años cuarenta: la alta burguesía, los intelectuales de clase media, la pequeña burguesía y los grupos marginales. Pero frente a la simplicidad intelectual de muchas novelas sociales que simplificaban los problemas sociales a un enfrentamiento entre buenos y malos, Tiempo de silencio muestra cómo también los más humildes, los chabolistas, presentaban graves lacras humanas. Por tanto, el trasfondo es sumamente pesimista con el ser humano. Lo que pretende dejar claro Martín santos es que los condicionamientos sociales no son los únicos aspectos de la realidad del hombre que determinan su comportamiento y, por tanto, sus éxitos o sus fracasos.

 

2) Lo que convierte a esta novela en una obra maestra  es su extraordinaria riqueza de técnicas narrativas y de registros lingüísticos: uso del monólogo interior, mezcla de distintos estilos (desde oraciones extensas y barrocas, que contrastan con la realidad que describe,  a otras breves y concisas, palabras populares con otras muy cultas), división en secuencia en blanco en vez de en capítulos, digresiones que interrumpen la historia sobre diversos temas

 

                                              2.4- La novela a partir de 1975
 

- La publicación de La verdad sobre el caso Savolta (19759 de Eduardo Mendoza marcará un cambio de tendencia narrativa que, sin renegar de las técnicas experimentales, recuperará el placer de contar historias interesantes, poniendo de relieve la importancia de un buen argumento en la valoración final de una novela. Este cambio será llevado a cabo por una generación de escritores , nacidos entre 1939 y 1950, llamada Generación del 68, la cual, en general, se inicia en el experimentalismo y, más tarde, lo irá abandonando: Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza, José María Merino, Luis Mateo Díaz, Juan José Millás, etc